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Una Visita al Museo del Holocausto en Houston

Hace poco tiempo atrás hice una visita el Museo del Holocausto en Houston.

De por sí, la entrada es bastante intimidante y eso me hacía demorar un poco esa visita, ya que no sabía exactamente con qué me iba a encontrar.

La decoración del interior y el layout es bastante particular. Para dividir ciertos sectores, lo mismo que para la mayoría de las columnas y otras decoraciones se utilizaron rieles de vías del ferrocarril.

Muchísimas fotos, adoquines de los campos de concentración, algunas pertenencias de Hitler y de los Nazis: anillos con la cruz esvástica, propaganda, y hasta una bandera nazi, perfectamente cuidada y doblada en una caja de vidrio que te transportan a una realidad trágica.

Una pequeña valija de cuero, lentes de aumento destrozados por algún fanático ignorante, ropa de niños que nunca disfrutaron y fueron reemplazadas por uniformes a rayas desgastados terminando con cualquier ilusión o proyecto de vida.

Al final del recorrido una sala con capacidad para unas 100 personas donde se muestra de manera continua y sin interrupciones una corta película con los testimonios de algunos sobrevivientes.

Detrás del edificio, en el exterior  del Museo del Holocausto en Houston hay un memorial y un poco más allá un vagón que se usaba para transportar a la gente de manera inhumana. La descripción de lo que sucedía en ese viaje, cuántos subían vivos y cuántos bajaban es demasiado horrorosa como para reproducirla en un blog tan poco profesional como el mío.

 Y después de eso nunca más pudo llorar en su vida.

Pero dos testimonios me hicieron pensar: Un niño sólo tenía un perro para jugar, un ovejero alemán según él mismo cuenta. Un día llegan dos guardias y entre risas y burlas sacaron una pistola, mataron al perro y se fueron.

El niño lloró desconsoladamente por horas y horas. 

Y después de eso nunca más pudo llorar en su vida.

A pesar de haber atravesado momentos terribles, esa fue la última vez que lloró. 

Dónde estaba usted…?

El otro testimonio es de un hombre que reconocía que cada vez que se encontraba con un alemán lo miraba a los ojos y no podía evitar preguntarse a sí mismo: “dónde estaba usted cuando todo esto sucedía?” Por qué no hizo algo? Nunca vio nada? No se preguntó a dónde iban esos trenes llenos de gente?

Y a esto es a lo que quería llegar: en situaciones traumáticas o conflictivas: dónde estábamos cada uno de nosotros? Qué hicimos por evitar o frenar lo que estaba sucediendo?

Todos fuimos testigos alguna vez de algún tipo de injusticia. Seguramente no tan trágica, pero injusticia al fin.

Te pasó que te desentendiste y miraste para otro lado para evitarte un problema?

Volviste a encontrarte con una víctima de una injusticia?

Miraste a sus ojos?

Que pensaste?

 

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